El Contagio
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Andrés Aranda
Desentreñando el Contagio
 

Au Lecteur:                         
La sottise, l’erreur, le péché, la lésine.
Occupent nos esprits et travaillent nos corps,
Et nous alimentons nos aimables remords,
Comme les mendiants nourrissent leur vermine. […]

[…]Serré, fourmillant, comme un million d’helminthes,
Dans nos cerveaux ribote un peuple de Démons,
Et, quand nous respirons, la Mort dans nous poumons
Descend, fleuve invisible, avec de sourdes plaintes. […]

Baudelaire, Charles. Au Lecteur

Cómplices de Baudelaire los cuerpos resienten sus errores, sus geografías se alteran lentamente, a través del movimiento, con que el entramado social empuja las emociones como si fueran pesadas placas tectónicas. Pero basta abrir el diario de hoy, para reconocer que la muerte no desciende como un río invisible, sino que es el horizonte del país. Hoy, como todos los días, se reportan los asesinatos que se suman a la trágica cuenta de muertes violentas en México, veintiuno más el día de ayer.(1) Allí  mismo se informa de las casi setenta muertes, atribuibles al virus de la influenza. La cercanía de las notas es una invitación al cálculo tétrico que pondera unas y otras, operación que racionaliza la muerte y neutraliza su horror,  al caer en cuenta, que se trata de la muerte de otros y no de la propia.
Frente al cadáver impasible, la compasión, o bien es retórica vacía, o el primer eslabón de una cadena de diferencias que los vivos establecen, a través de un discurso elegiaco que organiza los signos, que en vida debieron tener esos muertos anónimos, para suponerlos delincuentes, pobres, enfermos, ignorantes, o lo que sea que explique porque son ellos los muertos, los diferentes.
Esta elegía no está escrita por los difuntos, es narrada desde el poder, a través de ella nos presenta orgulloso, la vehemencia con la que ha afrontado una guerra intestina, y el heroísmo mostrado frente a la epidemia. En resumen, su habilidad para ensanchar el horizonte de la muerte en México, al ahondar las diferencias entre él y el resto, al que presenta como pura criminalidad, agitando el miedo, la indiferencia, la apatía, el desgano y postergando indefinible la realización del deseo.

El extenso devenir de los gérmenes y la colonización:
En 1763 lord Jeffrey Amherst pensaba una manera para destruir la resistencia de los indios del valle de Ohio, tuvo una ocurrencia e inmediatamente escribió una carta, en la que le expuso su plan al coronel Henry Bouquet, jefe de las fuerzas colonizadoras, quién presto, envió de regalo a los indios las mantas que habían cobijado a los enfermos de viruela, la enfermedad se extendió y la resistencia se extinguió.(2)
El darwinismo social explicó la historia de la colonización europea, desde el siglo XVI hasta el XX, como el resultado de las diferencias evolutivas de los grupos humanos, que habrían confluido en la superioridad racial de unos sobre otros, de los vencedores sobre los vencidos. Por eso se sospecha de la biología, se le tilda de racista, y se evita recurrir a ella para entender las desigualdades impuestas al mundo por el proceso colonizador. El racismo biológico es negado por la cultura posmoderna, que lo forcluye de su imaginario, pero no lo desaparece, éste flota como una  suave bruma cálida, esperando el momento propicio para incendiar la médula de los huesos.
Con esta preocupación en mente, Jared Diamond escribe la historia evolutiva de la humanidad a lo largo de los últimos trece mil años,(3) recaba evidencia suficiente de diversas disciplinas, bajo la cual revisa la siguiente cadena de eventos: El hombre comienza su dispersión desde África y coloniza el mundo, en diversas zonas del globo se domestican plantas y animales, surgen las primeras civilizaciones. El proceso de domesticación, que en los animales es distinto al de la doma, no está condicionado por la habilidad de los grupos humanos, sino por el entorno ecológico. Las variaciones climáticas de los continentes están determinadas por su orientación espacial, el grupo humano que se asienta en la masa terrestre llamada Euroasía, se encontró con el entorno ecológico con mayor número de especies animales domesticables, en un territorio con  su eje mayor en posición horizontal, y por tanto un clima similar a través del cual, se pueden extender en dirección este-oeste las prácticas de domesticación y sus especies. De todos los mamíferos candidatos a ser domesticados, la humanidad tan sólo ha podido hacerlo con catorce, y de estos seis se encuentran en la actualidad extendidos por todo el globo: Las ovejas, las cabras, las vacas, los cerdos y los caballos y los perros.(4) Todas ellas originarias de esa franja de clima mediterráneo que se extiende a lo largo de Eurasia.
Así como las plantas y los animales domesticados tuvieron un ancestro salvaje, los gérmenes causantes de las más terribles epidemias en la historia humana, viruela, influenza, tuberculosis, malaria, peste, sarampión y cólera, provienen de un antepasado que atacaba a los animales, varias de ellas asociadas con los seis antes mencionados, el proceso evolutivo y la convivencia con quienes domesticaron a las especies animales tempranamente, confinó a los gérmenes a la especie que les garantiza una mejor supervivencia, el hombre.
Los distintos ritmos, que subyacen en las corrientes históricas del mediterráneo de Braudel, dieron inicio al proceso de expansión colonial europea. En la victoria de las guerras de conquista, que comenzaron en Mesoamérica y en los Andes, y luego se extenderían a los otros continentes, los gérmenes que llevaban los colonizadores, fueron tanto o más eficaces, como sus armas y su cultura.
Como la veleta de Don Quijote, que fue ancha donde debió ser angosta, es la brújula de Joaquín Torres García, su aguja contracultural invierte los términos norte-sur. Revelando el eje principal del Continente Americano en un plano vertical, sobre el que se plasma su geografía y su entorno ecológico, que permitió a sus primeros habitantes domesticar plantas y unas cuantas especies animales, entre ellas la llama, el guajolote y el perro.
La mayor parte de los vegetales silvestres, de los que obtuvimos los nuestros, presentan variaciones genéticas de una región a otra, mutaciones autóctonas que aclimatan la planta a su entorno, cuando éstas son cultivadas, la selección artificial introduce series de mutaciones transformadoras, de tal forma que es posible examinar la difusión de un cultivo y determinar si todas sus variedades muestran las mismas mutaciones autóctonas o transformadoras, con lo que se puede rastrear su punto de origen y determinar si fue único o múltiple. En el caso de Eurasia como ya vimos, todas las especies provienen de un ancestro común que tuvo su origen en el valle de la Creciente Fértil, mientras que en América se encuentran dos polos de domesticación de cultivos, Mesoamérica y Sudamérica. Sin embargo las zonas tropicales que separan estas civilizaciones, impidieron que unos y otros se intercambiaran antes de la conquista.(5) Desde luego que si los cultivos no se extendieron, tampoco lo hicieron sus animales domesticados.
El perro no es exclusivo de las culturas mesoamericanas, se le encuentra extendido en prácticamente todo el globo, fue criado por chinos, polinesios, eurasiáticos, etc. Dando como resultado un sin número de razas destinadas a los más diversos propósitos, como el pastoreo, las competencias, o el control social. Frente a la gama de razas actuales pocos sospecharían que todas ellas provienen de un antepasado común, el lobo, que como sus descendientes es transmisor de la rabia, y como símbolo del mal y de la amenaza atraviesa el imaginario, desde las narraciones orales hasta la literatura, lo mismo en Miguel Strogoff que en la moderna novela negra, dónde un Marc Behm narra el infierno de la manipulación nazi y sus efectos sobre la joven huérfana Edmunda Sieglinda Kerr, que se irá transformando poco a poco en todo eso que parecía detestable, una vez caído el régimen nazi ella es condenada, momentos antes de ir al patíbulo, recuerda la canción sobre los lobos que aprendió de niña en el colegio francés, en el que se formó, y sin miedo se aproxima a la muerte que la reunirá con el padre perdido, y quizás con la posibilidad de desentrañar el carácter maléfico, de ese personaje de la opera de Zauberflöte de Mozart, la Reina de la Noche, que tanto le intrigaba y que da título a la novela.
La rabia asociada a los cánidos explica en parte el miedo que despiertan, Joseph Meisner era un niño cuando Julio Verne escribía sus historias, acompañado de su madre, una campesina que tuvo que correr su propia aventura, llegó a las puertas del Instituto Pasteur, para convencer al eminente científico de que le aplicara su remedió, Pasteur lo hizo y el niño se convirtió en el primer niño en recibir la vacuna contra la rabia, y años más tarde, también en el portero del mismo Instituto. Ahí trabajaba Elia Metchnikoff, un zoólogo ruso que tras la muerte de su esposa Ludmilla Feodorovitch, cayó en un estado depresivo que se agravó por sus adicciones, y por la idea recurrente de que los seres humanos estaban indefensos frente a un enemigo microscópico y omnipresente. El estado de desolación en el que estaba, encontró alivio en las caricias de Olga Belokopitova y en el descubrimiento que le valió el Nobel en 1905.(6) Me refiero a la fagocitosis, primera prueba de que los seres humanos contamos con mecanismos propios, que nos permiten resistir el contagio.
Tanto los indios mesoamericanos como las demás civilizaciones conquistadas, desconocían por completo los microbios, la evolución y la inmunidad. Cuanta desolación, cuanto vacío, cuanta incertidumbre debieron de haber sentido los indios de Ohio, tras recibir el obsequio mortífero que les envió el coronel Henry Bouquet, y ver que la enfermedad los trataba de manera tan desigual, en relación con sus subyugadores.

De la evolución a la genómica, los tiempos rápidos del biopoder:
La explicación desarrollada por Diamond reintegra a la cultura una perspectiva evolucionista, que busca arrancar de tajo el racismo y la xenofobia forcluidas, explica las condiciones biológicas que le dieron rumbo a la expansión colonialista, pero omite los últimos quinientos años de esa historia, un darwinismo prístino afirmaría que es muy poco tiempo para tomarse en cuenta. Sin embargo la tecnología genómica desarrollada en la modernidad, prácticamente elimina la temporalidad de muchos procesos evolutivos.
Miles de años fueron necesarios para generar, desde el punto de vista biológico, el diferencial ecológico suficiente para dar origen a colonizadores y colonizados; sólo unos cientos se requirieron para homogenizar el diferencial biológico en todo el globo, luego en medio de la globalización económica y cultural, surge la tecnología necesaria para acelerar los procesos evolutivos mediante la manipulación genómica, que sumada al armamento nuclear, incrementa la incertidumbre de la ciencia frente a los posibles riesgos que puede inflingir al ambiente y a la salud pública.
Basados en la observación, de que el virus de la mixomatosis de los conejos silvestres brasileños, mataba a los conejos domésticos europeos, los agricultores australianos lo  introdujeron en su país, de manera deliberada en 1950. Para proteger los cultivos de la plaga de conejos europeos que sus ascendentes habían llevado en el siglo XIX. En el primer año se produjo una mortalidad del 98,8% de los conejos, al segundo año bajo hasta el 90%, y finalmente se estabilizó en 25%,(7) lo que ocurrió es que el virus insensato evolucionó para defender sus intereses, y no los de los agricultores australianos, matar menos conejos era una buena estrategia para sobrevivir. Este es un ejemplo de la incertidumbre que supone el manejo de estructuras genéticas virales, esta incertidumbre modificó la tradicional noción de riesgo basada en el cálculo de las certezas científicas. Para proteger el ambiente y la salud, frente a la incertidumbre que suponen ciertos procedimientos técnicos, se desarrolló la base jurídica del principio precautorio,(8) el cual supone que frente a un riesgo se puede actuar para prevenir el daño posible, aunque no exista certeza científica sobre los resultados del supuesto efecto. El garante de éste principio supone una autoridad jurídica, que medie, entre la parte que denuncia el peligro abstracto y los científicos denunciados, la existencia y facultades atribuidas a dicho garante, definirán su acción.
No debe de confundirse con el principio preventivo,(9) que opera bajo una noción distinta, la de un riesgo que es calculable dentro de los márgenes de la certidumbre científica, por lo tanto el garante de éste principio es la comunidad de científicos capaces de calcular el riesgo en cuestión. De la forma en que se estructure y se relacione dicha comunidad con el Estado, se desprenderá la relación del biopoder con los ciudadanos. Así mientras que algunos teóricos apuntan hacía una visión del individuo como empresario que debe gestionar la gobernabilidad y el riesgo de su propia salud.(10) Otros documentan el colapso del sistema global de salud pública y el repunte de las enfermedades infecto-contagiosas alrededor del globo.(11)

Desde lo más profundo de la entraña:
Mientras la enfermedad sea algo contagioso, la salud de los individuos no podrá recaer exclusivamente en su propia responsabilidad, la participación del Estado es necesaria para evitar el desplome de la salud pública, pero los mecanismos que se implementen para mediar la relación sanitaria entre el Estado y los ciudadanos pueden ser muy variados, entre ellos habrá que buscar los que se ajusten mejor, al tipo de democracia que queremos construir y a la máxima eficiencia del sistema. Sólo desde allí, se podrá redefinir la estructura de la salud pública, el sistema de atención en salud, y el papel a desempeñar por la comunidad científica y médica.
La epidemia no revela, simplemente reafirma lo que ya sabíamos, que la inversión en ciencia en este país (México) es insuficiente, o que el sistema asistencial de salud se encuentra desarticulado y escaso de recursos. Sin embargo sí pone al descubierto, una masa mayor de ese iceberg, que es la descomposición del Estado mexicano, la falta de interés de los actores políticos para transitar a la democracia, la ausencia de vías adecuadas para negociar las diferencias, la aún lejana transparencia y el oportunismo rampante, que en un sentido derridadiano, hace que las promesas devengan en amenazas.(12)


• 1 Corresponsales, Al menos 21 asesinatos, saldo de la violencia en el país; en Chihuahua, 12. La Jornada, Domingo 17 de Mayo de 2009, Política, p.4

• 2 Diamond, Jared. Armas, gérmenes y acero. Random House Mondadori, México, 2007, p. 230. Los nombres de los personajes fueron obtenidos del siguiente sitio de internet:
http://rwor.org/a/v23/1120-29/1127/biowar_s.htm. 18 de Mayo de 2009.

• 3 Diamond, Jared. Armas, gérmenes y acero. Random House Mondadori, México 2007, 589p.

• 4 Diamond, Jared. Op cit. p. 186

• 5 Daimond, Jared. Op. cit. pp.208 y ss.

• 6 Bruno Gratzer, Walter. Eurekas and euphorias: the Oxford book of scientific anecdotes. Oxford University Press 2002, p. 17.

• 7 Ibid, pp.241-242.

• 8 Beyleveld, Deryck. Brownsword, Roger. Legal Argumentation in Biolaw. En: Kemp, Peter, et al. Bioethics and biolaw, Vol. 1, Judgement of Life, Rhodos International Science and Art Publishers, and Centre for ethics and law, Copenhagen, 2000. pp.215-16

• 9 Cafferatta, Nestor. El principio precautorio, Gaceta Ecológica, octubre-diciembre, N° 073, Instituto Nacional de Ecología, México 2004, p.9

• 10 Petersen, Alan. Risk, governance and the new public health. En Foucault, Health and Medicine, Routledge, London 1997, p.189 yss

• 11 Garret, Laurie. Betrayal of Trust the collapse of global public health. Hiperion, New York 2000, 754pp.

• 12 Derrida, Jacques. Decir el acontecimiento ¿es posible?, pp. 104-105

 
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Andrés Aranda
Andrés Aranda es médico-cirujano, profesor del Departamento de Historia de la Medicina de la Facultad de Medicina de la UNAM y alumno del posgrado en arte de la Universidad Iberoamericana. Aquejado por el síndrome de Ulises, ha recorrido varios territorios lo mismo a pie, que a caballo, en bicicleta, automóvil, barco y avión. Habitante del Centro Histórico de la ciudad de México, goza de la charla inteligente con los amigos, del soliloquio que se traduce en escritura que compartir, y de los momentos de complicidad, que encuentra en el efímero recibimiento del beso femenino.
 
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